
| | El Valle de Casablanca
Si bien es una zona relativamente nueva en la producción vitivinícola, sus inmejorables condiciones climáticas le dan un sello particular a sus productos, especialmente a los vinos blancos.
Ubicado a 68 km de Santiago, el Valle de Casablanca es la última zona que se ha consolidado como productora de vinos. Actualmente, unas 25 viñas han ubicado estratégicamente su producción en un lugar que, además de ser favorecido por el microclima, se encuentra cerca de la capital y de los principales puertos, lo que además ha permitido crear atractivos circuitos de degustación.
Un microclima privilegiado. Rodeado por cordones de cerros llamados geográficamente “cordillera de la costa”, el valle presenta un clima más bien frío, con temperaturas promedio de 25°C en verano y 14°C durante el año. Por otro lado, gracias a la influencia marítima, (esta a 18 km del a costa) y a las neblinas matinales, la uva madura lentamente. Es por esto que aquí la vendimia se lleva a cabo desde mediados de marzo hasta fines de abril, más tarde que en otras zonas de producción. Sus principales productos son los vinos blancos, en especial el Sauvignon Blanc y Chardonnay, los que concentran el 70% de las plantaciones. Dentro de los tintos, se cultivan los de mediana maduración, como el Pinot Noir, el Merlot y últimamente se ha trabajado con plantaciones de Syrah, lo que ha dado excelentes resultados. En general, se trata de vinos frutosos, con muy buena acidez y chispeantes al final.
Algo más sobre la zona.
Para aquellos que también gustan del cine, hay que aclarar que el origen del nombre Casablanca no tiene nada que ver con la película. Más bien se trata de una antigua casa de muros blancos en una colina junto al antiguo camino real de carretas, que servia de pasillo a los españoles que transitaban entre la capital y el puerto de Valparaíso. Su nombre original de 1753, era “Santa Bárbara la Reina de Casablanca”, en homenaje a doña Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, Rey de España. Hoy aun existe en la plaza principal una capilla con el nombre de la Reina.
De no haber sido porque en el año 1982 se hicieron conocidas la bondades vitivinícola de la zona, para los capitalinos Casablanca habría seguido siendo una ciudad pequeña en una zona agrícola, que se encontraba camino a los principales puertos y al litoral central. Hoy, después de haber ingresado al circuito turístico, toda la imagen de la comuna se vio potenciada. Sin embargo ellos se sienten alejados de este nuevo perfil que adquirieron, más cercano a la producción de las empresas vitivinícolas que a sus costumbres particulares, las que en definitiva los hacen conformadores de la identidad criolla.
Sin embargo, varios de los circuitos de visita a las viñas han considerado restaurantes de comida típica de la zona, donde si hay un encuentro más interesante: tener la posibilidad de maridar con productos de la misma tierra, es acercarse a las bondades más profundas del valle y conocer así un conjunto de características que enriquecen el producto de la vid.
Quienes se adentren en el sector urbano de Casablanca, conocerán un patrimonio arquitectónico de 1850 y una serie de costumbres que enorgullecen a sus habitantes. Si se tiene la oportunidad de presenciar un rodeo, o un encuentro de poesía tradicional con sus “payadores” (guitarristas que compiten con graciosas rimas improvisadas), el visitante podrá completar un cuadro algo más amplio que el de la postal turística.
La Bodega.
Si deseas degustar algún tipo de cepa de las que se cultivan en Casablanca, en La Bodega disponemos de Chardonnay y Sauvignon Blanc, para tu elección.
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